Crónica - Ratos, Rutas, Retos: Salida de Montaña

19.04.2026

Una mañana de abril perezosa la de hoy. Le ha costado despertar, y el cielo encapotado ha necesitado bastante tiempo para ir mostrando su tono azul. Quizá se deba a que la resaca del triunfo en la Copa también le ha afectado.

Bueno, nosotros a lo nuestro. Hoy nos hemos citado para hacer frente a un nuevo reto, ascendiendo una cima navarra. Bueno, una será la cima principal, la más alta, la más renombrada, pero, cómo no, intentaremos pisar más de una, una vez en camino…

Hemos dejado los coches junto al histórico monasterio de Leire. El cielo que nos ha recibido aquí está bastante más despejado del que nos ha despedido en casa, como suele ser habitual. Pero no todo han sido buenas noticias, especialmente para algun@s de los expedicionarios, ya que nos hemos encontrado la cafetería cerrada. Sin embargo, como no podemos esperar hasta la hora de apertura (si no, deberíamos despedirnos de buena parte de lo planeado para la jornada), nos hemos puesto en camino hacia arriba.

El primer tramo largo lo hemos recorrido atravesando un hermoso bosque, pisando una conocida cañada de trashumancia: La Cañada de los Roncaleses. Los pastores de hoy en día continúan desplazándose por estos caminos ancestrales, desde el Pirineo hacia las Bárdenas, en invierno, y en sentido inverso, en primavera, bien huyendo del crudo invierno de las alturas bien buscando sus abundantes prados, según la época del año.

Por un camino, tan pintoresco como hermoso, esculpido en la roca, hemos alcanzado el Collado de la Cerrada, que nos ha situado en un apacible prado en la cresta de la sierra.

Los primeros sudores han dado paso a los segundos, y estos a los terceros. ¡Qué saludable es sudar de esta manera! Hemos superado un desnivel importante hasta aquí. De vez en cuando hemos hecho pequeñas paradas para reagruparnos, respirar y hacer fotos; también hemos aprovechado para ponernos al día de las novedades de los últimos tiempos. Somos ocho los Lehen izerdiek bigarrenei utzi diete tartea, eta gero etorri dira hirugarrenak. Osasungarria da horrela izerditzea. Desnibel polita igo dugu honaino. Tarteka, arnasa hartzeko eta argazkiak ateratzeko geldialditxoak egin ditugu bidean, baita elkarri azken nobedadeak kontatzeko.

Hemos continuado hacia el Este, con la confianza puesta en el hecho (que prácticamente tiene pinta de certeza) de que, a pesar de alejarnos del objetivo de cima prometida, lo que vamos a ver va a dejar boquiabierto a más de uno.

Así ha sido. Tras una sucesión de pequeñas praderas y apacibles senderos por hayedo, a nuestra derecha, nos ha asombrado la súbita aparición de la curiosidad natural del Paso del Oso (1329 m): una impresionante oquedad en la roca que nos protege del abismo.

Hemos descendido hasta el mismo borde y, como no podía ser de otra manera, hemos sacado un montón de fotos. ¡Ojo! ¡No hace falta acercarse tanto! Un lugar realmente espectacular. Estando nosotros allí, ha llegado un nutrido grupo de montañeros; ¡qué fortuna la nuestra que hemos podido disfrutar de un momento más o menos prolongado de intimidad.

Terminado el reportaje, hemos regresado a La Cerradara, para continuar hacia el Oeste.

Pronto, tras ascender una empinada cuesta por un hermoso bosque, rodeados de rocas fantasmagóricas, esbeltas hayas y toneladas de musgo, hemos alcanzado la cima de Kastellar, a 1281 m de altitud. Las vistas que hay desde aquí hacia el Pirineo o hacia el embalse de Yesa son espectaculares y, como no podía ser de otra manera, hemos sacado un montón de fotos. El hamaiketako tampoco se ha quedado corto: fresas con arroz, huevos cocidos (enteros) en bocata, dátiles riquísimos, frutos secos… todo compartido, como siempre. Mientras Otman, Hamza, Mohamed, María Eugenia, Mansour y Xabi se ponían las botas, Senia y Yuliia han seguido con el reportaje fotográfico; no me extraña, es que estamos en un balcón sin par. Hamza se ha encaramado a una roca al borde del abismo a dar buena cuenta de una manzana; mejor no mirar.

Seguimos adelante, todavía hacia el Oeste. Avanzamos por la cresta de la sierra, pero sin sensación de vértigo, porque se trata de una loma anchísima en la que hemos tenido que sortear tramos divertidos de rocas redondeadas y estrechos senderos bien definidos en el bosque, hasta llegar al cruce donde después iniciaremos el descenso a Leire. Hay quien ha preferido esperar aquí, descansando en santa paz, al resto del grupo, que ha seguido avanzando hacia la cima de Arangoiti. El primer tramo, por bosque, con una amable sombra protectora del sol, cada vez más poderoso. Y el remate final, tras saludar a un par de parapentistas dispuestos a lanzarse al abismo, entre piedras, por empinada cuesta y ya sin el cobijo de los árboles, hasta la cima: Arangoiti (1346 m). Esta cima es fácilmente reconocible desde el valle, por ser la más elevada de esta parte de la sierra y por las feas antenas que la coronan. Lo que no es nada feo es el panorama que se contempla desde aquí.

Hemos vuelto raudos en busca de la parte del grupo que se ha quedado esperando. Demasiado raudos. Xabi, cuando ya se había descendido una buena parte del cono cimero, se ha dado cuenta de que sus palos no le han acompañado en la bajada. Vuelta a subir (como se suele decir, el que no tiene cabeza ha de tener piernas; además, sarna con gusto…).

Reunidos nuevamente, pronto se ha reagrupado el equipo completo. Es el momento de bajar, por bosque y un sendero muy agradable -tanto como el canto de los pájaros que nos acompaña- hacia el monasterio. A pesar del cansancio acumulado, la paz que se respira en este rincón ha sido altamente terapeútica.

Algunas continúan caminando ligeras como mariposas. La mayoría, sin embargo, ya nota el cansancio. Ha sido hermoso, pero el cuerpo pide descanso; y el de algunos, un café, ese del que no han podido disfrutar antes de partir hacia arriba.

Tras el descanso y los cafés… correspondientes, con las fuerzas renovadas (y alguno también aliviado por haber podido pasar por fin por el baño), contentas y contentos, nos hemos puesto en camino hacia casa.

Como ha dicho alguien: ha merecido la pena el madrugón.

Por mi parte, ha sido un placer, equipo, así da gusto. Hasta la próxima. 


Xabier Ariznabarreta