
Crónica - Salida Cultural Arditurri
Este domingo, 14 de diciembre, para ir cerrando poco a poco este trimestre, hemos completado una bonita salida con los "excursionistas" de OnDoaN.
Nos hemos reunido todos en la hermosa localidad de Oiartzun (algunos se han encontrado antes, para acercarse juntos hasta allí) y nos hemos dirigido en coche hasta el barrio de Ergoien. Allí, comenzando en el aparcamiento de los conocidos restaurantes del lugar, hemos comenzado a caminar, poco a poco, sin prisa ni cuestas reseñables, hacia las minas de Arditurri por el cómodo bidegorri que une ese paraje con la población de la que veníamos.
La mañana ha amanecido fría y, aunque hemos intuído su esfuerzo, al sol le ha costado una enormidad hacer llegar su poderío a lo más recóndito de este estrecho valle. No podemos acusarle de falta de puntería; más bien, es al invierno que acecha tras la puerta entreabierta a quien hacemos responsable de succionar sus fuerzas casi por completo. Tampoco seamos severos con éste; es el orden del cosmos, tenaz a pesar del desorden que nos empeñamos en contagiarle. No obstante, nadie nos ha hablado del posible sufrimiento que esta cíclica situación pudiera producir a nuestra estrella; del nuestro, eso sí, no hay duda, dado que no hemos podido evitar empezar a caminar medio tiritando.
La belleza del paisaje -algún que otro hermoso salto de agua incluído- y la agradable conversación con gente querida que en algunos casos no veíamos hacía tiempo nos han ayudado a ambientarnos e ir entrando en calor.
A pesar de habernos acercado en coche al lugar una distancia considerable, el paseo se ha prolongado algo más de lo previsto por un servidor, y al final hemos llegado justitos de tiempo a la cita de las 10 con las responsables de la casa de visitantes de las minas.
Allí las hemos encontrado, con esa sonrisa que delataba buena educación y mejor disposición para hacer pasar un rato agradable a los recién llegados. Así hemos llegado nosotras también.
Primeramente han proyectado un vídeo para ilustrar parte de la historia de la mina y mostrarnos parte de los pasadizos y cabidades que no ibamos a poder visitar. Hemos querido pensar que con eso y los ánimos que entre todos, guía incluída, hemos transmitido a Gladys, ésta decidiría finalmente adentrarse con nosotros en la caverna minera, pero no lo hemos logrado. Ana, recién llegada de su tierra y aún en periodo de aclimatación (cómo no, no sé si eso termina nunca), ha ejercido de buena hija y se ha ofrecido a acompañarle en el tiempo de espera exterior, pero Gladys a su vez ha ejercido de buena madre y se ha negado en redondo. Nos vemos en un rato, Gladys.
Tras las primeras explicaciones al comienzo de un largo pasillo debidamente iluminado para la ocasión, nos hemos puesto los cascos (mejor no pensar por qué serán necesarios) y hemos avanzado. Hemos comenzado la visita en el llamado 2º piso y, en el recorrido, hemos podido echar un vistazo al profundo 3º piso que posteriormente visitaríamos, desde las alturas y preciosas galerías compartidas por ambos pisos.
Las palabras de nuestra guía, cual flautista de Hamelin, nos han transportado hasta tiempos del Imperio Romano, haciendo visibles las diversas estrategias que utilizaban aquellas gentes para extraer el mineral. Esa gente de antaño era más fina que algunos de nuestro ancestros mucho más próximos en el tiempo, no hay duda, pero los recursos con que contaban también limitaban comparativamente su capacidad para el destrozo, por tanto, tampoco vamos a alabar en exceso su delicadeza, pero sí su habilidad y tesón para "construir" todo esto; hay quien le llamaría "interés", seguramente con razón. beraz, euren fintasuna ez dugu gehiegi goraipatuko ere, bai ordea hau guztia "eraik
Hierro, plata, plomo… Hemos aprendido a distinguir sus vetas, y hemos conocido las técnicas que utilizaban para extraerlas.
Al descender al 3º piso, hemos sentido descender también la temperatura, y aumentar, por contra, la humedad que se respiraba. ¡Menudo mérito el de aquella gente que trabajaba, probablemente sin excesivo descanso, horas y horas, un año tras otro, aquí dentro! Seguro que no le pasaría desapercibido a su salud.
Hemos llegado a pisar, ahí abajo, las nacientes aguas del Arditurri, pequeño afluente que alimenta el río Oiartzun, que desemboca en el puerto de Pasaia. Según nos han contado, este no es el mejor de los sitios para refrescar el gaznate echando un trago, y tampoco -esto sin que hiciera falta que nos lo dijera nadie- para darse un baño, dado que en el día/época escogidos sería más congelante que refrescante.
Completado el circuito, dados los últimos pasos de transición de las penumbras hacia la luz (tras dejar el casco el su lugar y sacárnos la foto de rigor en la entrada principal de la min), y tras visitar algunos rincones y construcciones utilizadas en su día para los trabajos de minería, hemos tomado el bidegorri que, en esta ocasión bajo la protección de los estimulantes rayos de sol, nos ha llevado de vuelta a Ergoien.
Gracias al impecable (quizá sea más correcto decir admirable) sentido de la orientación de que hace gala Elena, hemos conseguido no pasarnos de largo y tomar el cruce adecuado para rematar el paseo junto a nuestros carruajes. Allí, reparto y recepción de abrazos, mostrando las sonrisas que no ha dejado de arrancarnos el hecho de estar pasando una agradable mañana juntos.
Tampoco ha faltado la extrañeza de haber terminado antes de empezar a anochecer, tirando a pronto, vaya; no tengo ni idea del motivo por el que llegáis a decir ese tipo de cosas (jejeje). Bajo la sombra reparadora del mejor sabor de boca, ya hemos empezado a preparar la siguiente aventurilla.
Hasta pronto,
Xabi Ariznabarreta




