
Kontu-Kontari con... Tarana Karim y Karmele Santoyo
Día Internacional de la Mujer 2026

Hay mujeres que no solo aprenden un idioma: aprenden a quedarse. Y hay otras que convierten ese aprendizaje en abrazo, en refugio, en puerta abierta. Las entrevistas a Tarana Karim y Karmele Santoyo hablan de eso: de tender puentes donde antes hubo miedo, silencio o soledad.
Tarana, migrada, musulmana, activista y maestra de euskera y castellano, sabe lo que significa empezar de nuevo con la maleta llena de preguntas. Karmele, hija de padres migrantes, conoce desde dentro las grietas y la fuerza que deja el proceso migratorio. Las dos enseñan euskera, sí, pero, sobre todo, enseñan pertenencia.
En un lugar como el País Vasco, donde el euskera no es solo lengua sino identidad, aprender a decir "kaixo" puede ser también aprender a decir "aquí estoy". Ellas acompañan a mujeres migradas y racializadas a pronunciar esas palabras con dignidad, con orgullo, con la certeza de que tienen derecho a ocupar espacio.
Lo que viene en estas entrevistas no es solo inspirador. Es profundamente humano. Es la historia de mujeres que, mientras conjugan verbos, están conjugando futuros. Y leerlas es recordar que ningún puente se construye solo: se levanta con manos que sostienen y corazones que creen.
Tarana Karim
Es una mujer activista de derechos humanos, migrada desde Azerbaiyán al País Vasco, donde ha construido una trayectoria de lucha contra la discriminación, promoviendo empoderamiento, alfabetización y derechos de mujeres migrantes y racializadas. Su trabajo es un testimonio poderoso de lo que significa abrir puertas, no sólo de idiomas, sino de dignidad, comunidad y justicia. A través de su compromiso, muchas mujeres encuentran un espacio donde su voz es escuchada y su historia, valorada.
Datos clave sobre su recorrido
* Nació en Julfa, Azerbaiyán (1977) y estudió Derecho en su país de origen.
* Lleva 23 años en Euskal Herria, y se considera ciudadana vasca.
* Es abogada de formación y activista feminista.
* Ha sido voluntaria en múltiples asociaciones como Cáritas, Cruz Roja.
* Fundó la asociación "Ana Yurd", un espacio de encuentro para mujeres migrantes en Tolosa.
* Imparte talleres y clases de alfabetización para mujeres migrantes que llegan a Gipuzkoa, tanto en castellano como en euskera.
* Forma parte de proyectos y redes que abordan racismo, islamofobia y violencia de género desde la perspectiva migrante y feminista.
1. Tu viaje desde Azerbaiyán al País Vasco ha estado lleno de desafíos. ¿Cuál fue el momento en que sentiste que tu experiencia migratoria comenzaba a transformarse de una historia de supervivencia a una de empoderamiento y liderazgo para otras mujeres?
El momento más notable y clave en mi camino fue cuando empecé a usar el velo. De los 23 años que tengo viviendo aquí, llevo 15 años usando el velo y empecé a notar indicios claros de discriminación. Mis apellidos indican que soy extranjera y además me consideraban marroquí; (solo por usar velo) como hay muchas resistencias y prejuicios hacia este colectivo el trato era notablemente diferente. En ese momento empecé a enseñar castellano en Tolosa, busqué reunirme con otras mujeres migradas y me encontré que había mujeres que pasaban por situaciones bastante difíciles y no tenían idea por donde avanzar. Esto me motivó a formarme; charlas antirracistas, viajes, jornadas para mujeres inmigrantes para poder tener esa fuerza que falta a ratos, conocer nuestros derechos, estudiar la legislación vasca y saber hasta dónde me respalda. Recuerdo una semana de formaciones que pasamos en Bilbao para aprender a hacerle frente a todas las realidades que se nos presentan a las mujeres migradas; había mujeres de todos los orígenes, latinas, negras, musulmanas; ahí me di cuenta que independientemente de donde seamos nos unen muchas discriminaciones y dificultades. En el propio camino fueron apareciendo retos que fui superando con aprendizajes diversos, leer mucho, enterarme de cómo funciona el sistema y la sociedad en el País Vasco, los derechos que se me dan, los derechos que se me quitan. Cuando ya has hecho el recorrido, a las que vienen les recomiendas por donde tienen que seguir, el tema de las escuelas, la sanidad, la documentación.
2. Habiendo estudiado Derecho en tu país de origen, ¿cómo influyó tu formación en tu visión del activismo y defensa de derechos humanos aquí en Euskal Herria?
Mi deseo era ser periodista, sin embargo, no pasé los exámenes de selectividad en dos ocasiones, entonces mi padre dice: ahora vas a estudiar derecho, en escuela privada, tuve muy buenas notas, aprobé todos mis cursos; mantengo el hábito del estudio hasta este momento de mi vida. Sin embargo, tratar de homologar mi título universitario aquí fue un verdadero calvario dado que con mi país no hay acuerdo de validación de estudios superiores. Hasta hace muy poco no había ni siquiera una embajada aquí cerca y eso lo dificultaba aún más. En tres oportunidades presenté mi solicitud, traduje todo lo general y luego me pidieron que tradujera toda la carga temaria, todo detalladamente para poder calcular en qué nivel podría empezar a estudiar aquí: no me validaron el título, sino que me dijeron que tendría que estudiar en la UPV, y tras varios años de estudio lograr la licenciatura. Fue un calvario durante 7 años, me archivaron el caso en varias oportunidades, presentaba nuevosuevo recurso hasta que desistí en el camino. Al final nunca me he desenvuelto en mi profesión como tal, pero es verdad que cuando se trata de mi labor de activismo sé con claridad de lo que estoy hablando, cuando presento informes conozco bien las especificaciones de los derechos humanos en general, derechos de extranjeros, derechos de mujeres, derechos de refugiados que tienen diferencias entre sí y la ley de la religión que es única en España.
3. ¿Qué significó para ti aprender euskera además del castellano, y cómo crees que esto ha impactado tu trabajo con mujeres migrantes en su alfabetización y desarrollo?
El aprendizaje del euskera contribuye enormemente en las relaciones sociales, facilita la cercanía con los autóctonos, con el paso de tiempo coges el acento del sitio donde vives y eso es bien recibido aquí, es una forma de complacer al euskaldún que agradece el estudio de su idioma. En términos laborales el estudio del euskera te abre puertas; puedes acceder a algún trabajo de mejores condiciones. En el área del activismo siempre me han invitado a participar en foros, espacios para hablar en euskera; en las mesas de trabajo yo he tenido ese lugar, esa silla, ese micro por hablar euskera. Mis opiniones, mi forma de ver las situaciones a las que nos enfrentamos las mujeres migradas muchas veces no ha coincidido con la forma en la que los blancos ven las cosas, porque mi perspectiva es diferente. Siendo mujer, migrada, musulmana, madre sola, no puedo ver las cosas desde una sola óptica; en esos espacios que son normalmente euskaldunes se me ha escuchado, sin embargo, mi voz ha podido difuminarse porque es una sola voz. No puedo hablar como si fuera blanca, además de las experiencias que he vivido, el camino que he transitado, se me haría muy injusto no hablar de las situaciones reales que vivimos las mujeres migradas solo para complacer.
4. Cuándo fundaste la asociación Ana Yurd, ¿qué necesidades concretas de las mujeres migrantes querías atender y cómo ha evolucionado ese proyecto con los años?
Ana Yurd nace en el 2013, a partir de la necesidad de mujeres en su mayoría musulmanas que no hablaban ni castellano ni euskera y no se acercaban a los espacios comunes de aprendizaje con otros colectivos. Siempre reivindico que las mujeres tenemos que tener herramientas para nuestro desarrollo, herramientas básicas de comunicación. En Tolosa había varias mujeres con las que habíamos trabajado en otros proyectos del departamento de inmigración, mujeres que no controlaban ninguno de los dos idiomas, había mujeres que venían con niños pequeños que aún no iban a la escuela ni a las guarderías porque el padre decidía que aún no era momento. Estas mujeres no podían ir con niños a EPA, yo las recibía sin ningún problema; empezamos para atender un poco esta demanda, hablábamos castellano, aprendiendo algo de gramática, ejercicio, hacíamos planes juntas. Algunas llegaban sin haber ido a la escuela en su país, no estaban ni siquiera alfabetizadas en su idioma, hablábamos de necesidades básicas que podían tener, de los temas del día a día, cómo funciona esta sociedad, han venido de otra cultura y no se movían por miedo. Hace alrededor de 6 años nos encontramos con la necesidad de que los niños en casa tiene problemas para hacer los deberes; el modelo D es el euskera, el idioma dominante y por mucho que la madre sepa castellano (no en todos los casos) no pueden ayudar a sus hijos porque no saben, entonces contratamos a una persona que venía dos veces a la semana a dar clases extraescolares para los niños. Con la cercanía del Ramadan hablamos de vocabulario de Ramadan para que las mujeres que no son musulmanas sepan lo que este tiempo significa para nuestro colectivo y las que son musulmanas sepan el vocabulario para poder compartirlo con sus conocidos autóctonos. De tal forma que al conocer el significado que tiene este tiempo para nosotros podamos romper esos muros que existen entre nosotros y los que no son musulmanes.
5. En tus talleres y clases de alfabetización, ¿cuáles son los retos más comunes que enfrentan las mujeres racializadas y migradas al llegar al País Vasco, y cómo trabajas para superarlos de forma colectiva?
El aprendizaje del idioma, muchas mujeres generalmente llegan por temas familiares y casi desde el momento que llegan solo se relacionan con las personas de su comunidad. Se quedan en casa por años, no tienen relaciones sociales con personas de su entorno, si van fuera de casa solo lo hacen para ver a familiares. De algún modo es un poco abrirle los ojos, hacerles saber la posibilidad de hacer cosas que les guste, cuidar de si mismas, no solo de los hijos, el marido o los suegros. La recomendación siempre es: fórmate, sácate el carnet o algún título (de peluquera, costurera etc.), evoluciona, genera tu independencia económica; algunas tienen más presión familiar que otras, pero al saber que el castellano no es el límite, cuando se sienten listas se deciden a emprender algo en su beneficio. Hay mujeres en estos colectivos que han venido solas y son echadas pa' lante, trabajan, viven, viajan, me sobran los dedos de una mano, pero me gustaría que fueran más. Además de que entre ellas no es bien visto que avancen de esa manera; hay bastante presión comunitaria. Con las latinas los temas son otros; las condiciones laborales, el respeto a las condiciones básicas, abusos, aunque no se puede apretar demasiado porque estas mujeres son el sostén de los hogares en sus países, entonces a veces tienen que soportar situaciones desagradables e injustas.
6. ¿Puedes compartir alguna historia o vivencia de una de las mujeres que haya transformado su vida a través de tu apoyo educativo y social?
Una mujer que vive en Tolosa; ella llegó con un niño pequeñito, empezó en mis clases de castellano. Es una mujer con un espíritu de movimiento, "ese gusano" como digo yo, de buscar oportunidades. Al poco tiempo de vivir aquí quedó embarazada de la segunda niña; estudió castellano, puede comunicarse y después decidió aprender euskera. Luego entró a los talleres de patronaje y costura, siempre buscando nuevos conocimientos. Al cabo de un tiempo dejó de venir a las clases de castellano y yo entendí que como ya lo controla, pues su panorama se había abierto un poco más, al tiempo volvió y le planteé la posibilidad de que colaborara para alfabetizar a las mujeres árabes con letras y sílabas, de ese modo yo podía ir avanzando con el resto del grupo. Ahora en este nuevo curso está dando clases de costura en la Casa de las Mujeres para extranjeras.
La costura es algo que siempre le gustó y a eso se dedica: hace arreglos de prendas, disfraces, chilabas. De ser alumna, ahora da clases y al final de eso se trata, de compartir el conocimiento, de enseñar lo que sabemos y además siempre me recomienda a las mujeres recién llegadas para las clases de castellano. Otro caso, en Zumarraga, una chica que cuando empezó con mis clases tenía un nivel comprensible de castellano, una mujer joven que tenía problemas con la pareja. El caso de ella era bastante raro porque en esta cultura no es normal que se animen a separarse y ella lo tenía claro, no funciona la relación, se acaba. Además, ella estaba sin documentos y él la presionaba con eso; se separó, empezó a trabajar, homologó su carnet de conducir, recuperó su libertad en buenas condiciones. En su caso la cultura y comunidad no ayudaron y aun cuando sus papeles dependían de él, ella confió en sí misma y salió adelante. Yo, en cada curso las invito a reflexionar si lo que están haciendo les gusta, si están donde quieren estar, si las cosas están funcionando; la invitación principal es a conocerse y saber si lo que viven, es lo que quieren.
7. Como mujer migrante, musulmana y activista, has hablado sobre múltiples discriminaciones. ¿Cómo has aprendido a mantener tu identidad cultural y religiosa mientras luchas contra prejuicios y discriminación en la sociedad vasca?
Con la experiencia, por tratar con diferentes personas, en diferentes espacios yo he aprendido a ver de manera muy clara mi identidad, las cosas que más valoro en la vida, las que tienen más peso, las que quiero mantener vivas en mí, las que defiendo en mis discursos. Hay espacios en los que por ser quien soy (soy azerí -mi etnia- soy musulmana) yo en realidad soy la mezcla de muchas cosas, pero noto claramente que por algún elemento de mi identidad me inferiorizan. Mi trabajo siempre es tener claras mis ideas, yo sé quién soy y lo que representa mi esencia, estas actitudes no logran desequilibrarme. El islam para mi es un pilar importante y nada lo puede cambiar, eso no me impide compartir con los católicos o con personas de otras religiones. No atiendo a los clichés que encontramos día a día en los medios de comunicación especialmente, si recibo ataques ignorantes mi respuesta es siempre si lo que dicen es a partir del conocimiento o simplemente de lo que han oído por ahí, tengo argumentos para defender mi identidad. Yo tengo muy claro que por los rasgos de mi identidad no soy ni superior ni inferior a ninguna otra etnia con quien coincida en mi camino; todos debemos estar orgullosos de dónde venimos. Hay cosas que hago como las personas de aquí, algunas otras no, y no debe de haber problemas por ello, la convivencia es perfectamente armónica si respetamos las preferencias de los demás. Yo priorizo que vivo en una sociedad diferente a la mía y como a mi me gusta compartir con los amigos, yo flexibilizo; no bebo alcohol, pero comparto con mis amigos espacios, tradiciones, conversaciones donde ellos están libres de hacerlo, sino me tocaría quedarme en casa. Algo muy curioso que me ocurrió al poco tiempo de estar aquí es que a los amigos les invitaba a tomar algo a casa y siempre me decían; "es aquí nadie viene a casa" mejor quedemos en un sitio. Luego entendí que en mi cultura es importante recibir a quienes apreciamos, pero aquí no se vive de la misma manera, incluso sería ofensivo no atender a una invitación, es un valor importante que otorgamos a los que apreciamos. Cada vez encuentro menos espacios de discriminación porque tengo varios filtros y entiendo que algunas muestras de discriminación son por ignorancia; te cuento una anécdota de cuando estaba sacando mi carnet de conducir. Yo ya tenía algo así como 4 años viviendo aquí, ya me había nacionalizado; mi examinador estaba atrás, le paso mis documentos y mientras rellena papeles se da cuenta que mis apellidos no son vascos y me dice "ME EN TI EN DE BI EN" a lo que respondo, le entiendo perfectamente y si quiere le hablo en euskera y su respuesta fue; ah pues ya sabes más que yo. Ese momento fue un poco molesto, porque se anticipó a concluir que yo no entendía sin detenerse a pensar que si estaba examinándome sería porque hablaba castellano.
8. En el contexto del feminismo, ¿qué ideas o prácticas excluyentes has observado, y cómo promueves un feminismo inclusivo que reconozca la diversidad de experiencias (incluidas las mujeres racializadas y migradas)?
La imagen estereotipada de la mujer musulmana; a mi me han llegado a decir que yo tengo el machismo en la cabeza por usar pañuelo. He tenido que defender mi imagen, usar el pañuelo le significa a algunas personas que yo estoy siendo obligada a usarlo, yo soy feminista con pañuelo y algunos lo aceptan y otros no, pero eso ya no pasa por mí.
Hay mujeres blancas feministas "veteranas" que chocan con jovencitas por que no coinciden en los conceptos de feminismo. Yo pienso que su lucha no es la mía y la mía no es la suya, pero es de todas. Para mi "el feminismo es como una caja que incluye diferentes colores, formas y tamaños", aun siendo del mismo país, de la misma cultura podemos tener diferentes luchas. En mis clases yo veo mujeres que vienen del mismo país, algunas no saben ni leer ni escribir, otras ya están formadas, entonces sus luchas y reivindicaciones no son las mismas. Las mujeres domesticas tienen luchas diferentes a las luchas de las que se dedican a la prostitución; se mira para otro lado, elegimos no hablar de una realidad que existe y sus luchas también tienen que estar en el feminismo. Ver el sufrimiento de estos colectivos, darle visibilidad a su causa, es justo, ¿sino cómo le llamas feminismo, el de todas? (nosotras ya estamos dentro del feminismo y no necesitamos permiso ni aprobación de nadie para estar) El feminismo tiene muchos matices como necesidades, no se trata de empoderar a las mujeres, de hecho, en los colectivos de mujeres migradas debemos ser conscientes de que ya estamos empoderadas desde el momento que armamos una maleta hacia un lugar desconocido para empezar una nueva vida. Hoy en día, después de todo lo vivido yo todavía tengo cosas que superar, en el mismo Corán te dividen según las interpretaciones de algunos hombres, el feminismo islámico no me quita derechos, eso lo ha hecho un hombre al que no le gusta el desarrollo de las mujeres. Mientras el feminismo no sea anti racista, anti islamófobo, anti mujeres trans no vamos a avanzar. Solo con migrar y abrirme paso en este país he hecho más que cualquier ejecutiva sentada en un sillón ganando un buen sueldo. Alguien que ha emigrado alguna vez, que ha sufrido consecuencias físicas, psicológicas, emocionales y ha tenido los aprendizajes que nos ayudan a adaptarnos lejos de casa, puede opinar de feminismo con todo el derecho.
9. ¿Qué cambios estructurales te gustaría ver en las políticas públicas del País Vasco y de España para garantizar el acceso a la educación, derechos laborales y participación social plena de mujeres migrantes y racializadas?
Yo tengo mucha esperanza en el cambio generacional en las instituciones, que nuestros hijos (hijos de migrantes) que han vivido las luchas de sus madres y padres de cerca, puedan acceder a esos puestos para tomar decisiones desde la perspectiva de haber vivido discriminación, diferencia cultural, es decir que trabajen para una sociedad diversa. En estricto sentido, en la calle, la sociedad es absolutamente diversa, pero en las instituciones se mira para otro lado. Todo el catalogo de "antis" debe ser cambiado de manera estructural, sensibilizar las instituciones es básico para que vivamos en una sociedad igualitaria. Desde luego a través del estudio, de la formación, del conocimiento de las leyes, de los derechos y obligaciones que tenemos todos en la sociedad. Me encantaría que entre las materias de formación de un policía te encontraras una materia que se llame "antirracismo" y eso me garantice que a la hora de tomar una medida no sea a través de un barómetro condicionado. El que incumpla la ley tiene que responder ante la autoridad, pero eso no significa que todos los inmigrantes o musulmanes tenemos conductas inadecuadas. Lo correcto es que me traten como a cualquier persona, sin PREJUICIOS.
10. Para muchas mujeres que hoy están empezando su camino en un nuevo país, con barreras de idioma y de pertenencia, ¿qué palabras de esperanza, fuerza y motivación les dirías desde tu propia trayectoria de alfabetización y resistencia?
Como mujer, como madre, tenemos que confiar en nosotras mismas; muchas veces nos han hecho creer que no somos capaces, que somos débiles. Somos capaces de lograr lo que nos proponemos, igual no todo se puede lograr tan rápido como quisiéramos, pero paso a paso, peldaño a peldaño se llega a los objetivos. No olvidarte de ti misma, ser consciente de que eres prioridad, tus cuidados, tu salud mental, tus gustos. No debes vivir en la sombra para que otros brillen, todo lo que esté en tu mano que sea para tu beneficio siempre debe de promoverse, tejer redes si se puede; un nuevo lugar requiere actitud pro activa para poder avanzar. No te aísles, la soledad viene implícita en el proceso migratorio, no la hagas mayor con el aislamiento. La mayoría nos movemos por el tema económico, por mejores condiciones de vida, entonces siempre buscar la forma de acceder a trabajos que nos den dinero para vivir y que también nos dignifiquen. Confiar, si me toca vivir esta experiencia, es porque soy capaz de sacarlo adelante.
11. Tarana hay algo de lo que no hayamos hablado y que te gustaría comentarme, algún tema sensible.
Creo fielmente en la importancia de que cuando somos mujeres migradas tenemos muchas cosas comunes, muchas más de las que podamos imaginar. Muchas mujeres migradas vivimos experiencias similares sin importar de qué continente venimos, es mucho más fácil que dos mujeres migradas de culturas diferentes logren empatizar antes de hacerlo con mujeres autóctonas. Los retos a los que nos enfrentamos las mujeres migradas son similares y eso nos tiene que unir. No me gustaría excluir a ninguna mujer autóctona, de hecho, he coincidido con mujeres muy buenas en mi camino, mujeres que se han sensibilizado con la causa de una mujer que está empezando con pocos recursos en un sitio nuevo. Es una realidad que las mujeres autóctonas hasta que vivan las dificultades, las tristezas, la soledad que vivimos nosotras no pueden comprender la dureza de este camino. Mis lagrimas las puede sentir una mujer que ha llorado por la misma causa; en mi camino hay muchas mujeres que hoy están criando solas a sus hijos y yo automáticamente me voy a los años en los que yo tuve que avanzar sola, sin saber donde dejar a mis niños si tenía que ir a algún sitio. No todas venimos con herramientas para superar los retos que se nos presentan, sin embrago cuando nos reflejamos en el espejo de otra mujer migrada el camino es menos inclinado; ya se que se puede, entiendo que esto no es para siempre. Abrir las puertas de nuestras "cajitas" de nuestras culturas, nuestras religiones, hay que mezclarnos como colectivo migrante; así creamos fortaleza en las luchas comunes. Yo puedo visibilizar la lucha de las mujeres latinas, de las mujeres prostituidas porque en primera persona he hablado y llorado con ellas, he escuchado sus testimonios, he pedido a las instituciones ayuda para estas mujeres. Tenemos que cobijarnos, sensibilizarnos con las historias de otras mujeres, no podemos seguir mirando para otro lado o ver la realidad de las mujeres migrantes color de rosa, porque no es así.

Tarana Karim y Martha Ortega
Entrevista realizada por:
Martha Ortega Navarro
Karmele Santoyo
Karmele Santoyo es hija de migrantes castellanos que llegaron a Goierri a finales de los años cincuenta. Su padre, siendo aún adolescente, abandonó su Castilla profunda para trabajar en un caserío. No se marchó por falta de trabajo en su tierra, sino porque los terratenientes estaban desplazando a los pastores, empujando a muchos jóvenes a buscar futuro lejos de casa.
Tuvo la fortuna de que su labor en el caserío le dejara algunas horas libres, tiempo que aprovechó con determinación para formarse en la Escuela de Artes y Oficios de Ordizia. Poco después llegó también su madre, que comenzó a trabajar como interna en Donostia. Con esfuerzo, sacrificio y un espíritu de lucha inquebrantable, decidieron formar una familia y tomar una decisión que marcaría su identidad: sus hijos e hijas serían euskaldunes.
Karmele nació ya en Euskal Herria y creció en plena represión franquista. Su infancia estuvo atravesada por el silencio impuesto y la clandestinidad. Aprendió euskera en una ikastola clandestina, mientras su padre cumplía condena como preso político. Desde muy pequeña comprendió que la lengua no era solo un medio de comunicación, sino también un acto de resistencia.
Se desarrolló como euskaldunberri, construyendo su identidad lingüística con conciencia y compromiso. Siendo aún muy joven, comenzó sus estudios en la escuela de traductores de Martutene. En época de vacaciones escolares tuvo la oportunidad de trabajar en el Barnetegi de Lazcano, hoy día Maizpide. Aquella experiencia que empezó como un trabajo de verano, fue transformándose en algo mucho más profundo.
En un contexto marcado por décadas de prohibición del uso del euskera, y ante la inconformidad de muchas personas con el sistema existente, surgió AEK en GOIERRI como herramienta para revertir esa situación. Karmele formó parte de ese impulso colectivo. Lo que comenzó como una oportunidad puntual terminó convirtiéndose en su vocación y en el eje central de su vida profesional.
Hoy, su labor en la enseñanza del euskera es mucho más que una profesión: es memoria, reparación y compromiso. A través de cada clase, continúa tejiendo la historia de resistencia y dignidad que comenzó con el viaje de sus padres y que ella ha convertido en misión de vida.
1. Karmele, tu historia comienza antes de que tú nacieras. ¿Cómo sientes que la migración y las decisiones valientes de tus padres moldearon la mujer que eres hoy?
Mi Ama luchó mucho para sacarnos adelante, trabajaba y trabajaba sin cesar. Era una luchadora nata y eso sin querer se mama, luchó mucho y nos inculcó muchas cosas que nos han dado herramientas para vivir y una forma de ser.
2. Naciste aquí, pero creciste escuchando que tus apellidos no eran "de aquí". ¿Qué significa construir identidad cuando te hacen sentir que siempre debes justificar tu pertenencia?
Pienso que hay que hacer oídos sordos, a pesar de que algunas veces duele. El que intenta hacerte sentir menos tiene un problema en su interior, esos actos definen a la persona que tiene esas conductas, no a ti. Yo soy tan digna y euskaldún como el que más, sin embargo, es importante resaltar que mi círculo cercano es muy fuerte y me he sentido muy arropada.
3. Te tocó aprender en una ikastola clandestina y viviste la prisión política de tu padre siendo niña. ¿Cómo se forma una mujer cuando desde pequeña aprende que educarse y hablar una lengua puede ser un acto de resistencia?
No te lo planteas, es así, es justo, es un derecho y merece el esfuerzo. Algunas veces digo: "NEKAGARRIA DA EUSKALDUNA IZATEA" "NO TE PUEDES DESPISTAR" Siempre estás en guardia, cuando menos te lo esperas, el enemigo puede atacar, jajajajaja. Yo en la ikastola lo pasé genial, nunca nos castigaron, no nos pegaron. El juego y la imaginación era la forma de enseñarnos. Mis primas fueron al Colegio Nacional y siempre querían estar enfermas para no ir a clases, pues el sistema era muy diferente.
4. Tu madre trabajó como interna en una época dura para tantas mujeres migrantes internas. ¿Qué te enseñó su experiencia sobre el sacrificio y la fuerza silenciosa de las mujeres?
Desde luego, mi Ama me enseñó muchas cosas para afrontar la vida, me enseñó la mística de trabajo, la dedicación y entrega a su familia, pero en este caso en particular sus enseñanzas no admiten ambigüedades: No hay que bajarse las bragas ante ninguna señora mal educada; tu eres tan digna como la que más. El trabajo dignifica a las personas y las circunstancias no son siempre las mismas.
5. ¿Recuerdas algún episodio concreto de discriminación que te haya dolido profundamente y que haya marcado tu manera de posicionarte en el mundo como mujer?
Como mujer no he tenido ningún episodio de discriminación; sin embargo, como estudiantes sí. Yo tengo los 8 apellidos castellanos y con 16 años fui a sacar el título del euskera EGA, el tribunal me preguntó ¿si yo era euskaldún berri? Claro que era "Berri" en todos los sentidos; era una adolescente asustada ante un tribunal y ellos determinarían mi nivel. Me sentí negra entre blancos; salí del examen diciendo que no quería hablar más euskera: antes de salir a la calle me encontré con un amigo de mis padres y llorosa le conté lo que me había ocurrido y él me dijo: "Ez kasorik egin, zu ni bezain euskalduna zara" Euskaldun es quien tiene euskera. El resultado fue positivo y aquí sigo enseñando euskera.
6. Lo que empezó como un trabajo de verano terminó siendo tu vida profesional en la enseñanza del euskera. ¿En qué momento comprendiste que no era solo un empleo, sino tu lugar en el mundo?
La enseñanza del euskera es para mi una vocación y me motiva (a pesar del cansancio) cuando veo a los estudiantes entender lo que les enseñó, cuando veo y siento el disfrute de ellos en sus avances. Ver a los estudiantes pasarlo bien y aprender esta lengua es uno de mis grandes motores.
7. Enseñas a personas que, por la represión (entre muchos otros casos), no pudieron aprender su propia lengua. ¿Qué ocurre en ti cuando ves a alguien recuperar, a través del euskera, una parte de sí mismo que le fue negada?
La verdad es que la enseñanza del euskera en términos generales es muy satisfactoria, pero particularmente enseñarles a personas que vivieron la represión, siempre da una satisfacción especial. Aquellas personas lo pasaron muy mal en los días que estaba prohibido el uso del euskera, con lo cual, la recuperación de su lengua materna repara parte de su historia, les devuelve pedazos de identidad que les fue negada. Para mí representa todo poder ser puente en este proceso.
8. Como mujer y como hija de migrantes internos, ¿has sentido que debías demostrar el doble para que tu palabra y tu trabajo fueran reconocidos?
En casa recibimos muchas enseñanzas para la vida práctica y como dije antes; mi círculo cercano es fuerte y siempre me ha arropado, con lo cual; no he sentido que tenga que trabajar o demostrar el doble para que mi trabajo y mi palabra sean reconocidos.
9. Después de tantos años enseñando, con cansancio y satisfacciones, ¿qué es lo que sigue encendiendo tu vocación cada día?
A veces me falta tiempo para hacer cosas, otras estoy bastante cansada, son bastantes horas las que enseño; sin embargo, me gusta mucho el trabajo que hago, me da mucho conocimiento, trato con mucha gente muy diferente, temáticas e historias diferentes, "mochilas" grandes y pequeñas y el euskera es el hilo de unión con todas esas personas a las que les enseño. Mis alumnos muchos son extranjeros, pero otros tantos nacieron aquí y no pudieron estudiar por la represión que vivieron sus padres; algunos otros son migrantes internos. Tengo alumnos incluso mayores que yo, que no pudieron aprender su lengua materna por las circunstancias de aquellos días y al venir al euskaltegi escuchan palabras que decían sus padres en casa; se les prende el "foco" y dicen: recuerdo que eso decía mi Ama, o cuando íbamos a comer a casa de mi Amona oíamos tal frase, pero era prohibido… Eso te cuento, me siento muy a gusto haciendo el trabajo que hago, voy de un lado a otro para enseñar, pero no me arrepiento de haber optado por este camino.
10. ¿Qué te gustaría que no se olvidara sobre las mujeres españolas que también migraron dentro del Estado y levantaron familias, identidad y dignidad en silencio?
En aquellos años las mujeres que hacían el trabajo que hoy se conoce como "interna" y que mayoritariamente lo hacen mujeres que han migrado desde América, lo hacían mujeres andaluzas, castellanas y gallegas. Tenemos que tener claro que sin el trabajo que ellas tan dignamente hicieron no se habrían sostenido tantas familias. La migración interna sostuvo en gran parte la economía del estado conservando su identidad y su dignidad en silencio.
11. Karmele, cuéntame algo que no me hayas dicho sobre el euskera.
Mi vida sin euskera, no sería mi vida; gracias al euskera y gracias a la apuesta que hicieron mis padres me siento muy feliz y muy orgullosa; tengo mucho que agradecerles porque decidieron mandarme a ese cole, con ese sistema y esas personas tan fantásticas y poder vivir de esa manera. Eso no quiere decir que no disfruto cuando voy al "pueblo" como le llaman mis hijas, tengo mis 8 apellidos castellanos y estoy muy orgullosa de esa parte de mi historia, así como de ser euskaldún.

Karmele Santoyo y Martha Ortega
Entrevista realizada por:
Martha Ortega Navarro
